Irene Pozo, pregonera de la Semana Santa de Barbastro 2026: «La cruz no es el final, es el paso a la vida»

La periodista, directora de contenidos socio-religiosos de Ábside Media y presentadora de La Linterna de la Iglesia en COPE, pronunciará el Pregón en la Catedral de Barbastro, el sábado 28, a las 17,30 horas.

La periodista Irene Pozo, directora de contenidos socio-religiosos de Ábside Media y presentadora de La Linterna de la Iglesia en COPE, será la encargada de pronunciar el pregón de la Semana Santa de Barbastro este sábado a las 17:30 h en la Catedral. En Herrera en COPE en el Alto Aragón, Pozo desgrana las claves de un texto que titula «Mirar a la cruz desde la esperanza», con el que busca reconectar al fiel y al espectador con lo esencial de estas fechas.

Pregunta: Asume el reto de ser pregonera en una ciudad con una lista de predecesores muy ilustres. ¿Cómo se siente ante esta responsabilidad?

Irene Pozo: Me siento muy pequeñita. Al ver la lista y hablar con amigos como José Beltrán o María Luisa Berzosa, que ya pasaron por aquí, me entró una gran responsabilidad. Pero creo que el regalo es la suma de todos; compartir este pregón en Barbastro nos hace mejores a todos. Para mí es un «regalazo» porque Barbastro es una tierra que siempre me ha acogido con los brazos abiertos; me siento como en mi propia casa.

P: El título de su pregón es toda una declaración de intenciones. ¿Qué sentido busca redescubrir en esta Semana Santa?

I.P.: El sentido es volver a lo esencial. La Semana Santa no es solo tradición, estética o un recuerdo histórico; es una experiencia viva. Es una invitación a dejar de ser meros espectadores para implicarnos. Dios entra en nuestras calles, en nuestras heridas y dudas. Es pasar de mirar la procesión a dejarse interpelar por lo que representa.

P: Usted afirma que la cruz es un consuelo en las fragilidades humanas, algo casi «revolucionario» en una sociedad que a menudo oculta el dolor.

I.P.: Exacto. La cruz consuela no porque elimine el sufrimiento, sino porque nos dice que no estamos solos ante ese dolor, ante ese sufrimiento. Entonces, claro, frente a una sociedad que, como bien dices, oculta el dolor o intenta esquivarlo de alguna manera, la cruz lo mira de frente, pero no lo deja sin sentido. En la cruz vemos a un Dios que no se queda al margen, sino que entra en nuestra fragilidad, y eso es lo que cambia la mirada, el dolor ya no es una cosa pasajera ni absurda. El dolor puede convertirse en un lugar de encuentro, de entrega y de amor. Cuando entiendes que Dios no desaparece en el dolor, todo cambia.

P: ¿Por qué es tan importante esa mirada «desde la esperanza» y no solo desde el duelo?

I.P.: Porque si nos quedamos solo en el sufrimiento, la cruz sería un símbolo de fracaso y derrota total. El mensaje cristiano es justo lo contrario: la cruz es el paso a la vida. Hoy hay mucho cansancio vital y muchas «cruces cotidianas» que parecen no tener salida. Si a eso le quitamos la esperanza, la mochila de la vida pesa el doble.

P: Habla también de la gratitud como una tarea pendiente. ¿Se nos ha olvidado dar las gracias?

I.P.: Totalmente. Vivimos centrados en lo que nos falta o en lo que no funciona. La gratitud es una forma de situarse ante la vida; nos ayuda a valorar lo cotidiano y a no dar por supuesto el amor o el esfuerzo de quienes nos rodean. Recuperar la gratitud es recuperar nuestra humanidad.

Cuando uno descubre que la vida es un don, que hay muchas cosas que no dependen sólo de uno mismo, cambia nuestra manera de vivir. Quizá hemos aprendido a exigir más que a agradecer, y recuperar la gratitud es también recuperar en cierto modo la humanidad. Es una tarea pendiente.

P: ¿Qué papel juegan las cofradías y el arte de las procesiones en la transmisión de este mensaje hoy en día?

I.P.: Son una auténtica puerta de entrada a la fe. La belleza tiene una capacidad única de llegar al corazón donde la razón no alcanza. He visto a los «cofrades de acera», personas que quizás no se acercan a la fe por discursos, pero que se sienten interpeladas al ver una imagen, escuchar un tambor o contemplar el silencio. Barbastro, además, tiene una hondura especial marcada por el testimonio de sus mártires; allí la cruz no es un símbolo, es una realidad vivida.

P: Llevas 26 años informando sobre la Iglesia. ¿Es difícil dar noticias religiosas en la actualidad?

I.P.: Para mí es lo mejor del mundo. Mi profesión es vocación pura. He descubierto una Iglesia que me admira, con sus fragilidades y sus cosas malas, que también hay que contarlas, pero tenemos «la mejor de las noticias» y hay que dar testimonio de ella cada día.

Scroll al inicio